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Un día de octubre, a los 11 aos, Ariel N. arribó a la conciencia de que era distinto sexualmente a los demás muchachos de su generación; antes de esto sabía que era varón porque así lo dictaba la costumbre, por la ropa, la voz o los modos con que sus padres, amigos y la gente del barrio lo trataban. Sin embargo, en la intimidad, primero con resistencia, y luego con terror (ser homosexual y pobre es una de las peores tragedias en este país), poco a poco fue llegando a la convicción de que era una mujer dentro de un cuerpo de hombre.

Aquel día en el bao público, las presencias masculinas con sus cuerpos no sólo le inquietaron, sino que fueron la confirmación sin palabras de aquella diversidad, de aquella su “rareza” de género. Aos más tarde de esta revelación, arribó al convencimiento de que su sexo también debía ser físicamente distinto; entonces comenzó para Ariel un peregrinaje que no terminaría sino en una sala de operaciones de un hospital de París.

Alrededor del cambio de sexo todo parece tan sencillo, empero esto es engaoso. En un video acerca de esta operación que se exhibe en la página Web de Carla Antonelli, se observa el quirófano, un lugar modesto, sin aparatos complicados. Un médico con ayuda de dos enfermeras traza con tinta negra la trayectoria que debe seguir el escalpelo, un óvalo alrededor del órgano sexual del todavía varón.

La siguiente escena muestra el cuerpo ya desprovisto de miembro con un gran espacio abierto entre las piernas. Después de unos minutos vendrá la reconstrucción de la llamada neovagina y la imagen final en el video, que se muestra casi con orgullo, es un órgano femenino en perfectas condiciones, como si hubiese estado ahí toda la vida.

El doctor Juan Luis Alvarez Gayou Jurgenson, director del Instituto Mexicano de Sexología AC, una de las eminencias en este campo, hace algunas precisiones: “Estas operaciones de cambio de sexo no se hacen así nomás, generalmente hay un proceso que por lo menos dura dos aos; dos aos de psicoterapia, de terapia hormonal. Nosotros trabajamos con cirujanos muy profesionales, que no operan a nadie si no lleva nuestro aval. No damos el visto bueno hasta que esa persona ha vivido un ao completo, día y noche, en el nuevo papel de género. No es una cuestión de, como se dice vulgarmente, enchílame otra”.

OPERACióN JAROCHA. Del otro lado de la línea se oye una voz varonil. Pedimos hablar con Angélica, y luego de un leve carraspeo, dice: “Yo soy, qué se te ofrece”. Concretamos una cita para platicar del llamado cambio de sexo, y al despedirnos, nos plantea: “Si quieres trae fotógrafo, yo no tengo broncas. Nada más dime la hora exacta para estar vestida”.

Nos recibe con una blusa amarilla ajustada, jeans y una peluca rubia. Luego nos da una explicación muy detallada sobre el tema:

“Créeme que no se trata de la operación jarocha”, refiere Angélica Risco, transgénero que labora en Versus, un lugar de reunión social para transexuales en la Colonia del Valle donde aparte de darles cursos de capacitación “para ser mujer”, les venden ropa íntima de buena calidad. Ella explica que hay muchas complicaciones antes y después de una operación:

“El cambio de sexo es un proceso lleno de complicaciones. De entrada depende de la técnica que el médico determine. La común es que ocurra en dos pasos: la emasculación de los testículos en una primera intervención, porque después de tantas hormonas que se deben tomar, éstos se atrofian y se vuelven focos cancerígenos por lo que hay que removerlos. Posteriormente se hace la neovagina. Aunque hay una técnica del doctor Landa que hace el dos por uno, emasculación y neovagina, en la misma operación”. Si el núcleo de nervios que se hallan en el pene no es removido de manera correcta, vamos a tener una bronca con la sensibilidad. Esta es un gran problema. Si quien se opera se la pasó odiando su pene, como ocurre con algunas de las transexuales y jamás se masturbaron de manera práctica, digital. Lo que recomiendan mucho en este caso, para que reconozcan sus sensaciones, es que se masturben. Aquí entramos en un conflicto preoperatorio muy serio: porque hay resistencia de muchas chavas a entrarle al numerito. Desde ahí ya tenemos un problemón.

“Si hay complicaciones a la hora de mover el bulbo nervioso del pene, tenemos más dificultades. Ahora, depende también mucho del largo del pene, porque su tamao en erección nos va a dar la profundidad neovaginal. A éste lo dejan como un guante que va para adentro, o sea que lo invaginan.

“El rollo ése de la operación jarocha, de que te lo cortan, etcétera, es absurdo, ya que no hay una cavidad. Porque a la hora de invaginarlo pasa que de dónde lo atoras, de dónde lo sostienes. Entonces se hace un amarre en la pelvis; bueno, pero aquí a veces crece el tejido y se jala. Por lo que, en este caso, el órgano se mueve y es superdoloroso andar con la vagina jalada. Se tiene sangrado y se dan una bola de complicaciones. Para mantener abierta esta vagina como hay la tendencia natural del cuerpo a cerrar huecos , quienes se operan deben traer insertado un tubo de plástico durante tres meses y duele.

“En México hay pocos doctores que puedan hacer esta operación. Esto le sucedió a una amiga mía que fue con el mejor doctor y aún así hubo complicaciones”.

EN MéXICO, BUENO Y BARATO. Juan Luis Alvarez Gayou, con Maestría en Ciencias y Psiquiatría, con doctorados en Pedagogía y en Investigación Psicológica, explica que en nuestro país se puede realizar esta operación de sexo sin problemas, ya que hay la capacidad técnica y humana:

“Se realiza mucho en instituciones públicas, sobre todo en nios que nacen como hermafroditas. Sí hay la tecnología, sí hay los cirujanos preparados.

Aos más tarde, la escena es en el Palacio de Bellas Artes a la entrada de un concierto de viernes de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Una mujer rubia, de estatura mediana, se acerca a un grupo de mujeres. La recién llegada lleva un minivestido hasta medio muslo y un abrigo de pieles. Pese a sus atavíos tiene un dejo de extracción humilde

Hola, Margo, cómo estás, ya no te acuerdas de mí? saluda a una de ellas de beso.

No responde con asombro, aunque en el tono de la voz se nota que hay algo que reconoce en la mujer que viste con un dejo parisino.

Acabo de llegar de París, soy Ariel N, el maestro de etimologías, tu compaero en la facultad.

Cómo? Tú? Ariel, qué sorpresa!

Sí, soy yo. Veme, me operé en París da media vuelta modelando , y quedé perfecta, estoy feliz.

No, sí, se ve dice sin salir del asombro , pero te ha de haber salido en una millonada.

Me la pagó mi marido, unos 30 mil euros.

Efectivamente, hace un mes todavía según publicó el periódico El Mundo de Espaa , en París el proceso completo de cambio de sexo, con todo y preparación, estaba costando el equivalente a 350 mil pesos (unos 30 mil euros).

En México, refiere el doctor Alvarez Gayou, “el procedimiento quirúrgico con hospital, anestesiólogo, todo eso anda sobre los 100 mil pesos”, o sea, menos de la tercera parte de Francia.

“Ahora si se toman en cuenta los dos aos de terapia, una semanal por 50 semanas al ao, son 100 sesiones. Si vienen conmigo a IMSEX, a un promedio de 600 ó 700 pesos la sesión, serían 70 mil; esto más los costos de operación vendrían dando un total de unos 170 mil pesos. Lo que sigue siendo más bajo que en Europa”.

El licenciado Omar Stadelmann platica con Crónica acerca de los problemas jurídicos alrededor de esta operación: “Nuestra legislación está al nivel de los países más avanzados del mundo. En México la ley protege de igual manera al hombre y a la mujer; en este caso, pasar de un sexo a otro en teoría no tiene problemas.
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