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Azulina y Herminia nacieron ambas el mismo d que era un d de lluvia va a decir Azulina despu cuando abr los ojos lo primero que vi fueron las gotas de lluvia en la ventana inventando le responder Herminia, es posible que recuerdes algo as Y reir juntas, casi al mismo tiempo, como si hubiera una sola risa, y la otra fuese solamente un eco.

Desde peque estaban siempre juntas. Y solas. Aunque hab m hermanos en la casa, ellas eran las que compart el cuarto. La casa de campo era grande y las habitaciones vac sobraban, pero en esos tiempos el cuarto era el mundo, y ellas prefer compartirlo. Los otros hermanos eran mayores y varones, cada uno con su dormitorio propio, y tal vez por eso la distancia con ellos.

La primera vez que se alejaron de la casa familiar fue a los tres a Azulina dice que recuerda el primer d en el jard de infantes, el miedo a que la separen de Herminia y el llanto, tembloroso y amargo, que su madre pens era por ella. Cuando Azulina vio que las dejaban juntas no volvi a llorar. eso s me acuerdo le dir Herminia, ese d en adelante tengo recuerdos, pero de antes no, esos son inventos tuyos Azulina

Nunca lograron ponerse de acuerdo en el tema de cu comenzaron los recuerdos; siempre hablaban de eso como si fuera trascendental, como si eso explicara cosas muy importantes que ellas no llegaban a comprender.

Siguieron juntas en el preescolar y tambi en la escuela, aunque el comienzo de clases siempre fue un momento tenso para ellas. Sobre todo para Azulina, que nunca perdi el miedo a la separaci Extra nunca las separaron en las clases; aunque s a otras gemelas, como a Luc y Sof que en primero de escuela las pusieron en grupos distintos, para fomentar la socializaci dijeron las maestras. A ellas, sin embargo, no. Azulina dijo que era porque Luc y Sof no eran tan iguales, de hecho, en realidad eran mellizas, no gemelas. Si ten incluso distinto color de ojos. En cambio ellas no, le explicaba Azulina a Herminia, somos como dos gotas de agua, id Pero Herminia no estaba convencida de eso. Y a pesar de que pasaban horas frente al espejo, buscando las diferencias sin encontrarlas, Herminia sospechaba que no estaban mirando bien. Que no pod ser gotas de agua No le dec nada a Azulina para no molestarla. Para no preocuparla.

Lo llamaban juego de los reflejos Se paraban enfrentadas en el espejo y empezaban a compararse, siempre de abajo hacia arriba, dejando para el final el rostro, que era la parte m complicada, pero tambi la m divertida. Azulina nunca pod mirarse los ojos, dec que no sab mirarse mirando. Y Herminia le explicaba, siempre in c ten que poner la mirada para poder mirarse. Nunca se les ocurri que esa era una diferencia entre ellas. Quiz la m importante de todas.

Azulina siempre fue la m sensible de las dos, la m fr y a su vez la m extrovertida e inquieta. Hablaba m y era qui siempre propon los juegos y las actividades. Tambi era ella qui por lo general, tomaba las decisiones. Herminia era m callada, pod permanecer en silencio por horas y ten la habilidad de quedarse quieta, muy quieta, casi inm durante mucho rato, sin ponerse nerviosa ni aburrirse. Por eso era buena jugando a las escondidas, aunque rara vez Azulina propon jugar a eso. Ella prefer siempre juego de la sombra que consist en sincronizar los movimientos mientras se lavaban los dientes, o se ba o com Y por supuesto, siempre era Herminia qui hac de sombra. Una sombra oscura y opaca, que no revelaba los matices internos sino tan solo el contorno de la forma.

Tal vez Herminia era m callada porque nunca le preguntaban cosas. Aunque estuvieran las dos paradas y atentas frente a los adultos, era siempre a Azulina a qui dirig las preguntas, linda la escuela?, muchos amigos? van esas calificaciones?. Siempre ese tipo de preguntas extra para las cuales Azulina ten siempre las mismas respuestas. Salvo con la abuela Clara, que se dirig a las dos por igual y s sab hacer buenas preguntas.

Azulina respond amable y sonriente a esos interrogatorios, segura de saber lo que los mayores quer escuchar; y luego, a solas con Herminia, se burlaban y re de esa incapacidad de los adultos para preguntar las cosas que de verdad importan. Como cuando muri Roberto, el h preguntaron por la tristeza y por la pena, y dieron explicaciones sobre la vida, la muerte y el cielo, pero nunca, ninguno, pregunt c hab muerto. Supusieron que despert as inm en su jaula, como si la causa de la muerte de un h no precisara explicaci Ellas, por supuesto, nunca dijeron nada sobre eso. Luego lleg el canario, despu los peces y por el gato, todos con el mismo destino que Roberto. Salvo el gato, que simplemente desapareci No hubo explicaciones de los adultos en estas muertes. Pero tampoco preguntas.

La casa era grande y llena de recovecos en donde esconderse a jugar. No s estaba el altillo, que usaban para hacer los experimentos, tambi hab cuevas como ellas las llamaban, a lo largo y alto de toda la casa. Bajo la escalera, en los pasillos de rincones oscuros y tambi peque habitaciones que eran utilizadas como dep de cosas in No salir nunca de la casa les daba mucha libertad. Hab descubierto esta estrategia para eludir la vigilancia materna y hacer sus cosas tranquilas; y se sorprend de sus hermanos, que por andar correteando por el campo, supuestamente de peligros como dec el padre, se pon bajo la permanente mirada de la madre.

Vivieron mucho tiempo as jugando por fuera del tiempo, pero sin olvidar que alg d eso iba a tener que cambiar. Por eso hac planes. Planes cuya elaboraci les llevaba horas, meses, quiz tambi a Elaboraban estrategias e inventaban historias que luego comparaban entre s para evaluar cu era la m cre Las anotaban en un cuaderno de tapas rojas que guardaban en uno de los tantos lugares secretos que ten en aquella casa. Porque el miedo, aquel que hizo llorar a Azulina el primer d en el jard ese mismo miedo las acompa siempre. La verdad estaba all y s se pod aplazar, porque tarde o temprano las iban a querer separar. Sin embargo el plan funcion Y nadie se sorprendi de que Azulina se mudara a la cuidad con su abuela Clara cuando comenz la Facultad, queda m cerca, porque el viaje hasta la capital son dos horas y las clases terminan tarde todas esas respuestas que siempre sab dar Azulina para dejar a todos tranquilos. Concurr todas las ma a la facultad y por las tardes trabajaba en un jard de infantes. Llegaba a la casa a las cinco y media, justo a tiempo para tomar un t con la abuela Clara y conversar sobre las cosas cotidianas. A veces Azulina le hac preguntas sobre la familia, sobre sus padres y los padres de su abuela, sobre esas generaciones que la hab precedido y de la cual nunca nadie le hab dicho nada. Fue as que comprendi muchas cosas de s misma, cosas que hasta ese momento no hab sabido explicar, pero que aparec tambi en los abuelos de sus padres, incluso en los abuelos de sus abuelos, o en alg t lejano del cual nunca hab o nombrar. La abuela Clara era muy buena contando historias, incluso a veces le mostraba fotograf o recortes viejos de peri cuyas im acompa las palabras y las hac m reales. Azulina nunca se pregunt si esas historias eran ciertas o eran desvar de una abuela de pelo blanco y mirada perdida. Ella sab por experiencia propia, que algunas cosas pueden ser ciertas aunque nunca hayan existido en la realidad.

La abuela Clara muri dos a despu de que Azulina se recibiera de maestra. Toda la familia vino al entierro, que fue menos triste de lo que Azulina hubiera querido, porque los hijos de sus hermanos correteaban gritando por el cementerio sin dejarla concentrarse en su pena. Ella sab por su experiencia en el jard que s algunos ni pod comprender cierto tipo de cosas, y por eso miraba a sus sobrinos con cari pero con distancia. Algunos a eran peque pensaba Azulina, pero ella a esa edad ya hab comprendido algo de la muerte como para andar corriendo por ah en un cementerio. Record por un instante los experimentos de su infancia, y luego desvi la vista de los ni para posar sus ojos en el pante familiar.

Todo hab resultado como hab previsto. Los planes que tanto esfuerzo les hab llevado dieron resultado, porque luego de la muerte de Clara nadie se sorprendi de que Azulina se quedara viviendo en la casa de la abuela. Dieron por sentado que le quedaba cerca del trabajo, o que su salario de maestra no le alcanzaba para alquilarse un apartamento, o quien sabe qu justificaci Pero nuevamente, nadie le pregunt ni se pregunt por qu esa mujer joven segu viviendo sola en esa casa vieja. Y despu con el correr de los a por qu nunca se cas ni tuvo hijos, ni por qu a las personas que se ve entrar a esa casa eran algunos ni del jard que ahora adultos, ven a visitarla por las tardes. Al final, el miedo de Azulina nunca se cumpli y ella pudo seguir viviendo tranquila hasta el final de sus d manteniendo siempre la misma rutina y tomando el t a las cinco y media de la tarde, conversando con Herminia sobre aquellas historias que Clara les contaba, y a veces, tambi mirando alguna vieja fotograf que ambas hab guardado en su cuaderno de tapas rojas.

es un enigma. Cada vez que creo poder definirlo, su rostro se modifica de tal manera, que a siendo el mismo, var invisiblemente haciendo imposible su ubicaci en un lugar preciso. Como si se corriera un paso al costado cuando intento aprehenderlo para borrarlo, permaneciendo siempre casi en el mismo lugar. Casi. Me pregunto si lo sabr si lo percibir de manera sutil o es completamente ignorante. En realidad me pregunto muchas cosas acerca de porque por m que me hable y me trasmita fragmentos de su historia, tengo la sensaci de que jam podr conocerlo en profundidad. S que es muy dif por no decir imposible, conocer a alguien de esa manera y que aun conviviendo largos a con alguien, siempre hay un fragmento del otro que se pierde. Pero uno tiene la ilusi de que no es as Y es l que as sea, porque podr vivir d a d si tuvi siempre presente que esa persona con la que compartimos nuestra vida, que duerme todas las noches a nuestro lado es en instancia, aunque s sea en instancia, un desconocido?. Es necesaria esa ficci que acorta las distancias, para que la realidad sea un poco m consistente y podamos vivir tranquilamente en un juego de c s Como si lo conociera lo suficiente. Sin embargo no puedo hacerlo con y nunca podr y eso lo ubica en un lugar sin nombre. El es mi enigma. Porque ese lugar sin nombre es en definitiva una parte de mi.

Estos eran los pensamientos de Clara en el momento anterior a levantarse del sill y poner un disco. Los olvid inmediatamente luego de haberlos pensado, por eso nunca supo que no fue el azar lo que la llev a poner el disco que le hab regalado. Y cuando la m invadi la habitaci Clara se puso a recordar aqu tarde no tan lejana en que se encontraron por primera vez.

Era oto y llov pero eso solo tiene un significado que Clara le dar despu cuando lo recuerde, porque esa tarde estaba demasiado sumergida en su fantas como para mirar a su alrededor. Sentada frente a la computadora, miraba una foto de y se preguntaba si en persona ser igual a su imagen o estar a punto de abrirle su puerta a un desconocido. Cuando entr y le entreg el regalo, ella lo mir sorprendida de no sorprenderse, y record que en realidad ya lo hab so y por eso lo conoc Sin embargo, aunque era ella estaba nerviosa porque a dudaba de que su sue no fuera lo suficientemente real y tem que la ilusi se pudiese quebrar en cualquier momento. Pero tambi estaba nervioso, y eso le dec a ella que su sue no hab fallado. Para quitarse las dudas, ella le dijo que a no sab si era en realidad y cuando le respondi Clara supo que en aquella frase estaba la respuesta que buscaba. Entonces se besaron en el sill en el que est sentada Clara mientas recuerda este momento, que es el sill en que le dijo que hab so con Lo que no le cont tal vez porque a no se hab dado cuenta, era que en alg lugar desconocido, ella sab que lo iba a conocer. Y que lo supo aquel d cuando lo vio en aquel balneario donde pas el verano y se le qued prendido en la memoria.

Ella le dijo esa tarde, mientras lo miraba a los ojos, que era mejor que su propia fantas y cuando luego se fue, y ella se qued sintiendo su olor en la piel, se pregunt si de verdad hab sucedido. Y aunque no se cansa de comprobar que existe, a se hace la misma pregunta cada vez que se va.

Lo que Clara descubri aquel mi de abril, fue la delgada l que separa el deseo de la realidad, y c solo un peque e insignificante empuj puede hacer a esa distancia. Y lo que descubre mientras piensa en este recuerdo es que no es una delgada l lo que separa una cosa de la otra, porque a est dentro de esa fantas Y por eso es un enigma. Su propio enigma.

La canci del disco llega a su fin, y los recuerdos de Clara comienzan a desvanecerse. qu intento encontrarle un nombre a ese lugar?, se pregunta Clara, un segundo antes de levantarse a cambiar la m y dejar caer sus pensamientos en el olvido.

Hay que prepararse, pensaba Isabel mientras cerraba los postigos del frente de la casa. Hay que prepararse, hab o decir en la radio y la frase a se repet en su frente. Cerraba puertas y ventanas como una aut mientras pensaba qu otras cosas tendr que hacer antes que sucediera.

Se detuvo un instante y mir hacia arriba. La nube negra ya se acercaba por el cielo. Nunca vi una nube que avanzara tan r est Juli y cerr con fuerza el postigo. Dio una vuelta a la casa revisando que todo estuviera preparado, y cuando estaba por entrar vio venir desde lejos a Juli Caminaba tranquilo hacia la casa, como si nada estuviese por suceder. la nube? Apurate, le grit Isabel desde la puerta. Vio que Juli asent con la cabeza. Hab visto la nube, s y sin embargo sonre qu sonr no hay tiempo para preguntarle, hay que seguir preparando las cosas, pens Isabel quitando la mirada de Juli y pos en los diferentes objetos de la casa. guardar?, ser los que van a quedar?. Miraba con ternura los juguetes de Manuel, pensando que tal vez ma ya no estar y si los ped le iba a decir que Manuel?, guardarlo?. Manuel abrazado sin soltarlo, y se imagin bajo la cama, apretados fuerte los tres. Guardar lo m indispensable, hab dicho el se de la radio, pero saber que era lo m indispensable?, pensaba Isabel mientras doblaba la ropa m nueva, casi sin uso que le hab regalado para navidad. Esos zapatitos le quedan preciosos, se dijo mientras pasaba el cierre de la valija.

Sinti la voz de Juli Estaba hablando con otro hombre en la puerta. Parece un vendedor, estar haciendo?. Isabel se par a su lado y le dijo Si, Isa, ya voy, estoy comprando unos repuestos para el taller. Y sali con el vendedor al jard taller?, si el taller ma ya no est qu no se est preparando?.

Sinti de pronto el olor a mar y el viento le sacudi el rostro. La nube se est acercando, tiempo m tardar que preparar algo m podr estar preparado para algo as De pronto la nube cubri la superficie del cielo y la oscuridad fue total; el ruido de las olas cada vez m cerca, el viento cada vez m fuerte, pero saber?, saber?, se pregunt Isabel, un segundo antes de que sucediera.

me queda la cicatriz, cada vez que la mire me voy a acordar de vos y te voy a odiar! grit Cecilia, mientras miraba su rostro en el espejo.

Debajo de la nariz hab un surco peque y finito, del que brotaba sangre como en una cascada. Luego qued en silencio. La frase que sali de sus labios la sorprendi A tal punto, que pese a tener la mayor certeza de su veracidad, estaba convencida de que no hab sido ella quien la pens No era suya, aunque ella la hubiera pronunciado.

la miraba desde la cama sin comprender. Tal vez sin comprender que no se trababa de comprender. El estupor de Tom no la perturbaba, era parte de la escena que representaba, casi como un personaje secundario, pero esencial como soporte para que la escena pudiera desarrollarse. Un observador, una mirada receptora. Y sola. Muy sola en ese mar de miradas.

Al levantarse al d siguiente le dol la cabeza, no deber tomar tanto vino, siempre hago lo mismo pens al ingerir un analg Tom aun dorm profundamente. Ella lo mir con cari desde el ba y se sorprendi al no sentir ni un rastro de culpa por la pelea de anoche. Cecilia sab que hab sido ella quien la provoc pero esta era la primera vez que no le importaba; era la primera vez que sent que algo que hab sucedido pod olvidarse f como si en realidad hubiera sido un sue No tuvo tiempo de seguir pensando sobre eso, se visti r y sali hacia el trabajo. Otra vez tarde, en la oficina me van a echar un d de estos
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