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Su fuerte aroma y su sabor peculiar se asocian a partidas de truc o dominó jugadas en los casinos valencianos durante décadas o a partidas de pilota en los trinquets. Aún en el día de hoy, si se entra en estos lugares, el aroma permanece en la imaginación de algunos, principalmente los más mayores. Aunque la prohibición de fumar en estos espacios y la crisis los han dejado casi como un recuerdo de otra época, todavía hay industrias que los fabrican. Los puros caliqueos, un producto valenciano por excelencia, tratan de seguir haciéndose un hueco en un mercado marcado por las prohibiciones y que cuenta con el aadido de la crisis, aspecto común a cualquier sector, como un nuevo obstáculo al que hacer frente.

Uno de los ejemplos de románticos que llevan toda su vida con este tipo de trabajo se puede encontrar en la localidad de Bolbaite. Antonio Ferrer es el gerente de una industria que pasó por tiempos mejores pero que aún hoy produce 1,5 millones de puros cada ao. Los actuales 12 trabajadores (diez son mujeres) se quedan cortos ante los 20 con que contaban, y las tres empresas de la zona, frente a las siete que había, también son un signo de los tiempos.

Pero Ferrer no ceja en el empeo en una industria que ha sido su vida y en la que se han dejado las manos cuatro generaciones de su familia en este municipio de la Canal de Navarrés.

Prueba de ello es que hace dos aos, en plena explosión de la crisis, no tuvo miedo y afrontó una inversión para pasar de unas instalaciones muy pequeas a otras más grandes en el polígono industrial de Chella. La ayuda de un socio capitalista fue importante, sí, pero también la determinación de creer en lo que estaba haciendo y confiar en su propia supervivencia.

A la hora de contar su historia, no rehúye palabras que surgen en la conversación como proceso en el que él mismo participaba, hace algo más de una década, pero lo asocia a un tiempo en el que, como el actual, sólo se trataba de buscar un medio de vida. Nadie se ha hecho millonario con esto, afirma. Yo vengo de ese mundo, recuerda cuando, con discreción y a escondidas, elaboraba un producto que tenía su demanda. Ilegal?, responde, aquí se trata, antes y ahora, del derecho a subsistir.

Con 40 aos en este negocio, no se esconde para explicar su historia, marcada por la necesidad. De crío yo he trabajado en este mundo de una manera y ahora lo hacemos de otra, regularizando una situación que antes era diferente, remarca evitando sealar culpabilidades sobre este controvertido punto.

La historia del caliqueo tiene unas ocho décadas de vida e industrias como las de Chella o Torrent, que son ejemplos cada vez menos numerosos de un sector especial, que pasó por mejores días cuando fumar, para bien o para mal, era una cosa diferente.

Aún hoy, sin embargo, y fuera de estas industrias, aún saltan a la luz noticias de incautaciones de puros caliqueos ilegales. Una de las últimas no fue muy lejos. La Guardia Civil se incautó de 14.781 puros transportados en ocho cajas de cartón en el interior del maletero de un vehículo que circulaba por el término de Canals.

Volviendo a la industria de Bolbaite, la materia prima, pese a ser el producto final típicamente valenciano, llega desde lejos. La mayor industrialización de Extremadura en este aspecto provoca que el tabaco de Cáceres sea el que más conviene a esta empresa. El proceso de secado se realiza en la propia ciudad extremea.

A partir de ahí, un proceso completamente artesanal que incluye fases como el desvene y selección de hojas o la fermentación forzosa (una especie de en cubas y la labor de las torcedoras (las mujeres) a la hora de confeccionarlos. Un proceso de aprendizaje nada fácil. Hacen falta al menos tres o cuatro meses para llegar al nivel de las trabajadoras, que pueden confeccionar entre 1.000 y 1.200 caliqueos en una jornada de ocho horas, advierte Ferrer.

Posteriormente se han de conservar en unas cámaras acondicionadas para que consigan su punto justo de sabor.

Así se obtiene un puro económico. Cincuenta céntimos cuesta un caliqueo normal, lo cual no significa que sea malo, ni mucho menos, remarca el gerente: Aquí llevamos a cabo un proceso natural donde seleccionamos lo mejor.

Además de las leyes antitabaco, Ferrer también tiene palabras contra las dificultades que se encuentra su industria en el camino. Recibimos varias visitas de representantes de la Agencia Tributaria para que esté todo legalizado y medido y vendamos lo que decimos que vendemos, ni un puro más.

Impulsar una fábrica de este tipo no es nada sencillo por otra parte: Cuesta alrededor de dos aos poder legalizarla y hay que cumplir toda una serie de condiciones sanitarias e industriales, recuerda, a la vez que lamenta que no se les permita abrir puntos de venta directa, por ejemplo en la propia fábrica, algo que también les permitiría ofrecer un recurso turístico, por ejemplo, en forma de visitas guiadas: Tenemos que pasar obligatoriamente por los estancos, lo cual es un problema para nosotros porque, en caso contrario, el precio podría ser más barato.

Así, explica que no puede vender a quien acude a la empresa directamente, y eso, está claro, me quita mercado.

El hecho de que el Estado se lleve el 51% de los beneficios en forma de impuestos también enfada a Ferrer, quien considera que esto ni mucho menos les ayuda para conseguir grandes beneficios. Así, una cajetilla con 20 unidades cuesta 10 euros cuando, en el mercado negro, fácilmente se pueden adquirir por unos cuatro o cinco, reconoce quien, en su momento, estuvo al otro lado.

Sus clientes, tampoco se ruboriza en reconocerlo, no son jóvenes precisamente: Son hombres de 50 aos para arriba. Muchos de ellos con las manos marcadas de trabajar en el campo. Los jóvenes no optan por estos sabores fuertes y peculiares.

A algunos de estos mayores se les ve que les falta algo cuando entran en los casinos o en algunos históricos bares a jugar la partideta. Es verdad, yo echo de menos poder fumar mis caliqueos aquí, cuenta Bernardo dentro de un bar de Alzira. Las normas son las normas, pero lo echamos a faltar, no sólo yo, sino muchos. Respeto a todo el mundo, pero aquí solo venía gente que, o bien fumaba, o no le molestaba el olor del caliqueo.

La palabra chungo es la primera que, rápidamente y casi sin pensar, sale de su boca cuando se le pregunta al responsable de la industria de Bolbaite por el futuro de este sector, en el que se producen situaciones peculiares, una de ellas relacionada con las exportaciones: Para nosotros es más fácil exportar a Rusia que a cualquier país de la Unión Europea. En el último caso, por ejemplo, nos obligan a presentar un aval bancario de 60.000 euros, explica, a la que vez que remarca que, para buscar un impulso a un sector que languidece, ha tenido que buscar opciones como la importación desde Honduras de puros de celebración en busca de nuevos clientes: Es un complemento para nuestro negocio porque el sector se estaba viniendo abajo.

Cuando se le cuestiona sobre qué medidas pediría a las autoridades para beneficiarles o al menos no perjudicarles, su primera queja es que la visión del mundo del tabaco sea diferente al actual: Antes fumar estaba considerado un placer, hoy está mal visto. Ahora eres casi un apestado si fumas. A los gobiernos les diría que no nos aprieten tanto con los impuestos, la mayoría de ellos de Europa, porque si no, para nosotros será muy difícil sobrevivir.
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