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Mi diccionario de trabajo es tan viejo que su única definición de futón es: “un colchón delgado como un edredón, que se coloca en el piso y se utiliza como cama”.

Eso es todo. Y eso era todo, antes de que el futón se pusiera de moda. Yo llegué tarde al juego todavía dormía en una cama de agua a fines de los 80, por la misma razón por la que Mallory escaló el monte Everest: estaba allí y mi primer futón era una placa gruesa de guata barata que se afinó rápidamente, salvo por los apelmazamientos, una cama terrible que también servía como un pobre sofá.

Se me pasó la borrachera sobre un colchón de aire y me recibí varios meses después con el tradicional combo de colchón y sommier, que es, en mi humilde opinión, estrictamente para bobos. Una visita a una tienda de colchones alcanza para darse cuenta de que un traficante de drogas es mucho más honesto que los vendedores de colchones y la cantidad de resortes de porquería que tenga un colchón no cambia el hecho de que te acostás sobre metal con un acolchado irregular. En determinado momento de la vida más vale tarde que nunca el hombre descubre que necesita que su cama sea tan firme como su compromiso y tan flexible como su corazón.

Entonces, miré los sueos tontos que les venden por casi cinco cifras a los mismos idiotas con poder adquisitivo que creen que las heladeras Sub Zero mantienen las minizanahorias más frescas. Yo, en cambio, me las tuve que rebuscar. Tiré el sommier y puse mi económico colchón queen sobre un marco de acero con listones de madera de Ikea, y cuando llegó nuestro hijo, mi esposa y yo pasamos a un futón de felpa con espuma y algodón sobre una plataforma baja de madera. No era lo suficientemente firme, pero no me hacía doler. Aguantó, más o menos, seis aos.

Luego cayó el rayo del amor: el modelo Haley 150 de Otis Bed, un paraíso viscoelástico, con espuma extrafirme de ocho pulgadas de ancho, que relaja los músculos, con un empaque tan ajustado como los pantalones de Jennifer Lopez, garantizado por diez aos por una tienda que fabrica camas desde 1882.

Es malo para el corazón: aumenta las citocinas, proteínas que activan respuestas inmunes. Son fantásticas cuando las necesitás, pero cuando no, pueden convertirse en fuente de inflamación asociada con enfermedades cardíacas.

Es malo para el sistema inmune: afecta las células blancas, que son un bloqueo crucial contra las infecciones y el cáncer.

Es malo para la memoria: aumenta los niveles de cortisol, que pueden daar el hipocampo, la parte del cerebro que ayuda a crear recuerdos nuevos.

Pero: investigadores estudian si la estimulación magnética transcraneal (emt), una técnica utilizada para tratar la depresión, también puede servir para tratar el insomnio. Los dispositivos de la emt crean pulsos electromagnéticos inocuos que afectan una actividad específica del cerebro. Pueden generar ondas lentas, del tipo propio del sueo profundo.

HIGIENE AVANZADA DEL SUEÑO:UNA LECCIN

Si dormis menos de seis horas por noche, estás en problemas. El sueo es más necesario que el alimento. Cuando estás siempre cansado, envejecés más rápido de lo que deberías. Esta es tu nueva rutina nocturna. Dormí bien:

Atenuá las luces una hora antes de irte a dormir. Esto imita el atardecer. Justo en el medio de tu cerebro se encuentra la glándula pineal. Libera melatonina, la hormona que prepara la mente y el cuerpo para el sueo en respuesta a niveles reducidos de luz.

Si tenés cosas en la mente las reuniones de maana, lo que tenés que hacer, ese tipo de cosas anotalas quince minutos antes de acostarte. Esto las saca de tu mente.

Si seguís despierto después de quince minutos, levantate y hacé algo tranquilo, como leer un libro. No navegues por internet, no veas tv, ni hagas ejercicio. Tenés que permitir que tu cuerpo y mente se desaceleren para poder dormir. Si estás acostado pensando que no podés dormir, no te dormirás nunca.

Levantate a la misma hora todos los días. Una hora más los fines de semana está bien, pero si te levantás a las siete de la maana los días de semana y dormís hasta las diez los fines de semana, efectivamente tendrás un desfase horario. El lunes a la maana sentirás que acabás de aterrizar de un vuelo desde tres zonas horarias de distancia.

Una ayudita química cada tanto es aceptable. El alcohol no: interfiere con el ciclo normal de sueo. Pero el Benadryl o una de las combinaciones de analgésicos o remedios para el sueo de venta libre pueden darte un empujoncito para dormir naturalmente. Describí tus síntomas en detalle: desde el punto de vista de un farmacéutico, “no puedo dormir” no es lo mismo que “me despierto a la mitad de la noche”.

Había un bar abajo. Un bar ruidoso. Madonna vibraba en mi alma,
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mis sueos, mi cama, a las dos, tres, cuatro de la maana. Los martes a la maana. Y lo que era un hábito de tomar los fines de semana se convirtió en un hábito de tomar “dos tragos más así caigo desmayado y voy a trabajar maana”. No estaba bien.

Entonces empecé a tomar NyQuil. Está bueno el NyQuil. Te noquea, hasta en la noche en que pasan hits de los 80. Pero la resaca es peor que la del whisky. con alucinaciones. Entonces, una mujer que conozco me recomendó la melatonina que es la hormona que el cuerpo produce de noche. Me insistió que funcionaría. Y dos estudios recientes descubrieron que la vida moderna específicamente el uso de la computadora tarde a la noche y la radiación de los teléfonos celulares puede alterar artificialmente la producción natural de melatonina y el ciclo de sueo. Quería pastillas de melatonina ya.

Lo primero que noté fue que se disuelven debajo de la lengua, como el ácido. Aproximadamente veinte minutos después, me sentí somnoliento. La mayoría de los farmacéuticos no te dicen esto: estás despierto, después no estás despierto y a la maana te preguntás qué te pasó. Con la melatonina, hasta bostezás. Pensás: “Estoy realmente cansado”. Después te dormís. No tenés una alucinación de sueo, de estar medio dormido y medio desmayado. Simplemente el precioso, magnífico y fantástico sueo.

no te vas a quedar dormido en un avión a menos que estires tu cuerpo sobre el extrao contorno del asiento que lo contendrá durante las próximas cinco horas y diez minutos, dependiendo de los vientos. Joel Harper, entrenador de Nueva York que ha trabajado con medallistas olímpicos, tiene un modo sencillo de lograrlo: Concentrate en tus hombros y caderas. Hacé lo siguiente antes de ponerte la máscara para los ojos:

El ala de pollo: colocá tu mano izquierda con la palma hacia afuera sobre tu cadera izquierda. Con la mano derecha, tomá el codo izquierdo y movelo suavemente. Respirá hondo, mandando el aire a la zona más tensa y relajala. Mantené durante quince segundos. Cambiá de lado.

Estiramiento de cadera: cruzá la pierna izquierda sobre la pierna derecha, de modo que tu tobillo izquierdo esté sobre el cuádriceps derecho cerca de la rodilla derecha. Colocá tu codo izquierdo sobre tu rodilla izquierda. Inclinate hacia adelante, presionando la espalda inferior hacia la pantorrilla izquierda. Para estirar más profundamente, presioná levemente el codo sobre la rodilla. Tratá de mantener una línea recta desde la punta de tu cabeza hasta el cóccix. Cambiá de lado.

LA AGRADABLE SORPRESA: CAMAS SEPARADAS

No había más camas dobles, me informó Dell, el chico de la recepción. Normalmente, esto no me hubiera gustado. Pero estábamos en una bella isla, podíamos ver cómo el sol anaranjado se ponía sobre la bahía azul, acabábamos de bajarnos de un avión tembloroso de hélice con un solo motor y teníamos muchas ganas de tomar un trago. Podía empezar el viaje reclamándole a Dell, o podíamos ir directo al bar. Entonces, como el hombre relajado que finjo ser cuando estoy en los trópicos, le di unos dólares a Dell y decidí que dos camas individuales estarían bien. Nos apretaríamos en una, pensé, y usaríamos la otra para apoyar las valijas.

Le tendría que haber dado 50 dólares de propina a Dell, porque esas dos camas resultaron ser nuestra salvación. Esto es lo que pasó: cada noche mi novia y yo nos acostábamos en la misma cama. Nos dormíamos en la misma cama. Y llegaban los mosquitos, la humedad, las ranas arbóreas con su chirrido, el zumbido del aire acondicionado para quitar la humedad y acallar a las ranas arbóreas, la inquietud de dormir en un lugar desconocido. Entonces, mi novia se deslizaba silenciosamente a la otra cama. La primera vez que la descubrí, me ofendí por unos veinte segundos y después me quedé profundamente dormido. Cada noche, a medida que aceptábamos el tao de las dos camas, el tiempo que compartíamos cama se fue acortando y nuestros minutos de sueo profundo y satisfactorio fueron aumentando.

Cuando volvimos a casa, las cosas volvieron a la normalidad. Una sola cama grande. Pero dejame decirte algo sobre mis vacaciones: las Coronas parecían un poco más frías, el océano, un poco más azul y esas dos camas accidentales, gloriosas islas privadas.
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