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María Elsy, a pesar de haber parido dos veces, mantenía su vientre plano, sin estrías, con su piel lozana, y con su cabello negro bien cuidado, con un nuevo corte por encima de sus hombros.

Como mujer madura, su cadera estaba más ancha, pero conservaba una estilizada figura femenina.

Sus tetas habían descolgado un poco, debido a que habían crecido, guardando proporción con el resto de su cuerpo armonioso.

Seguíamos teniendo encuentros sexuales, igual de apasionados, como en un comienzo, pero con menos frecuencia.

Me sorprendía que conservaba su capacidad multiorgásmica, y su chupadera en su vagina, que me ayudaba a controlar mi eyaculación.

El ser humano es bastante incomprensible, siempre está en la búsqueda de nuevas experiencias, aun teniéndolo todo. No nos conformamos con nada. Y ese es mi caso.

Alvaro era mi mejor amigo y a la vez, se había convertido en mi compadre. Era soltero, y muy estimado por mi familia.

Alvaro vivía en Chigorodó, dentro de la misma zona de Urabá.

Por nuestro parentesco, supe que ese miércoles estaba de cumpleaos, y que quería celebrarlo por todo lo alto, pero con mi acompaamiento.

Me invitó, para que nos fuéramos para su casa finca, muy cerca de Chigorodó, y para eso había invitado a un par de amigas, para que nos hicieran compaía.

Alvaro era un caballista, pernicioso y mujeriego de esos que no tienen remedio.

Antes de partir compramos algunas provisiones, entre bebidas, mecato, y un medicamento, que según El,
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era un potenciador sexual, llamado ANAFRANIL.

Insistió para que lo tomara, recomendándome, que me iba sentir súper bien.

Me dio a tomar media gragea, y la otra media, se la tomó El.

Al instante que me la estaba tomando, sentí adormecimiento y algo de tumefacción en mi lengua.

Partimos en su camioneta blazer cuatro puertas, Yo ocupando la parte trasera, al lado de mi nueva compaía.

Era una espigada rubia, de ojos claros, de piel blanca, vestida y enfundada con una apretada lycra blanca, con blusa negra, que le hacía juego a su par de botas de cuero negro.

Su piel estaba matizada de vellitos, muy claritos, casi imperceptibles, que le daban un aire de ternura angelical a sus 22 aos.

Durante el recorrido Yo había sentido un acaloramiento que no era normal, y tenía unas enormes ganas de follarme a esa nenita.

Sentía el bulto que crecía entre mis piernas, y la lubricación lógica, causada por la enorme erección que tenía.

Entrando en confianza, mandé mi mano a su entrepierna, sintiendo el gran bulto esponjoso de su vagina.

Entre apasionados devaneos, entre acariciar sus tetas y su abollonado pan, pronto llegamos a la finca.

Mi erección era notoria, y para no quedar en evidencia, tuve que desencajar mi camisa de mis pantalones.

Llegamos a la finca y con el permiso de la otra pareja, halé a mi hembra para el segundo piso, en busca de la alcoba, para huéspedes.

La hice arrodillar sobre la cama de roble, que con limpias sábanas engalanaba esa habitación.

Le bajé la lycra hasta la mitad de sus piernas, y desde esa posición, descubrí su hermoso y redondo trasero, una minúscula y transparente tanga brasilera dejaba ver que entre sus piernas se descolgaba su gran chocho,
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cubierto de suavecitos y minúsculos vellitos. Parecía un yoyo que se desbordaba del minúsculo calzón.