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bota tipo ugg LOS APORTES ITALIANOS EN EL AMBITO DE LA ARQUITECTURA URUGUAYA

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Buenos Aires. 2011 (545 p incluyendo presentaci y veinte art de autores diversos). Me apresuro a decir que el t arquitectura est considerado en su acepci m amplia, indisociable a su vez del contexto cultural que justifica su existencia. En ese sentido, vale hacer una primera menci destacada al aporte que durante d realizara Aurelio Lucchini desde el Instituto de Historia de la Arquitectura de nuestra Facultad[1] . No es por cierto el pero s el de visi m amplia y rigurosa; un trabajo que sumado a otros aportes sin duda valiosos (desde los cl libros de Juan Giuria[2] a las varias monograf editadas en la d pone a nuestra disposici un s bagaje de conocimientos

Atento a ese panorama, no se trata de abrir una hoja de ruta en un terreno inexplorado, aunque ser perfectamente leg el intentar una lectura ordenadora y una revisi cr del conocimiento acumulado. Es este un camino abierto, pero no el que me propongo recorrer. Por lo menos no en sentido estricto. Sobre el mapa suficientemente detallado que otros han elaborado, la propuesta apunta a poner en algunas conexiones y en algunas en las que el discurso acad se ha mantenido creo en un tono neutro y distante, sin definir suficientemente contornos y relieves que conviene poner en valor para que el escenario aparezca en su verdadera magnitud (y a veces con discreto esplendor). Si ese objetivo llegara a concretarse, habr en el mapa del sitio menos discontinuidades y espacios en sombra, y seguramente seguir m tarde otros planteos y otras investigaciones que enriquecer nuestras miradas sobre aquellos tiempos (para mejor comprender y actuar en son las y los v que se propone enfatizar? los tramos en los que se concentrar el an He aqu una s de partida.

Desde el tard asentamiento de las potencias coloniales en el territorio de la Banda Oriental hasta la constituci del Uruguay como estado independiente, los criterios de implantaci en el territorio tuvieron una clara determinante geopol atento a su condici de caliente entre espa y portugueses, en tiempos en que ambos imperios reivindicaban el R de la Plata como l de sus dominios (lejanos ecos de Tordesillas La decisi de fortificar los puntos claves de la orilla norte del r fue asumida por Buenos Aires a poco de su refundaci en 1580 , pero reci pudo empezar a concretarse hacia 1724, cuando el intento portugu de crear una segunda plaza fuerte en la Banda Oriental Colonia del Sacramento hab sido una primera de playa oblig a Zabala a atender las reiteradas Ordenes Reales de marcar presencia en la bah de Montevideo.

Poco tiempo despu la toma de Portobelo por los ingleses impuso la necesidad de acelerar la fortificaci de la l de tierra de la pen hasta entonces desprotegida, e iguales prevenciones y consecuentes decisiones siguieron hasta los d finales del dominio espa Ese contexto, donde la ocupaci del territorio era indisociable de su constante defensa, fue determinante para el protagonismo de los ingenieros militares, cuyas funciones se extend mucho m all de sus competencias espec (al igual que en Espa y seguramente m que en Espa No todos eran oriundos de aquellas tierras: cabe recordar al franc Hav o Howell, como prefiri llamarse y al portugu Saa y Far ambos prisioneros de fuerzas espa para cuya corona terminaron trabajando. Y a uno digno de destaque, llegado al Plata junto con Zabala y responsable de las primeras trazas de la ciudad: Domingo Petrarca. no ser italiano?. He aqu una huella hoy borrosa que convendr no dar por perdida.

Por su formaci el objetivo de su trabajo y los modos y condiciones en que se concretaba, los ingenieros militares jugaron en Espa de los primeros Borbones el papel de una avanzada del imaginario que habr de convertirse en dominante en la segunda mitad del siglo XVIII. En el caso de Montevideo, precaria y lejana plaza fuerte, una referencia expl a ese universo surge como consecuencia de una circunstancia excepcional: la llegada en 1799 de Tom Toribio, el arquitecto de formaci acad que se afinc en el Plata en tiempos de la Colonia. Pero los ingenieros militares ya hab preparado el terreno. Sumadas ambas experiencias, dieron por resultado un ambiente diferenciado del dominante en la cercana Buenos Aires, donde lo neocl ser con Rivadavia un referente de la Rep marcando distancia con la herencia colonial. Esa caracter del escenario montevideano se mantuvo sin mayores variantes durante la dominaci lusitano brasile (1816 28), y a pesar del corte pol que signific la independencia, y del impacto generado por la demolici de sus murallas, esp del lugar mantuvo una continuidad con variantes pero sin rupturas en las tres d siguientes, ahora con protagonismo de t y constructores nacidos en Italia o en su de influencia. Tal el caso de Carlos Zucchi, Pedro Fossati y los ticineses Bernardo y Francisco Poncini.

Queda as definida una primera conexi fuerte entre nuestras circunstancias y la cultura italiana, apreciable en dos situaciones separadas en el tiempo: por un lado, con relaci a la incidencia de esa cultura en la gestaci de la Academia de San Fernando y en su desarrollo en tiempos de Carlos III (all donde se form Tom Toribio); por otro, al aporte calificado de arquitectos y constructores en un Montevideo en expansi que entre los a 1830 y 1860 ver triplicado el n de sus habitantes.

Un segundo tramo de an est centrado en los de obra llegados de Italia, activos constructores de nuestras ciudades, con notoria presencia durante las d de crecimiento sostenido que siguieron al fin de la Guerra Grande (1851), cuando la de matriz mediterr era el de referencia obligada para programas de vivienda (un heredado del per colonial, que estaba en perfecta armon con una trama catastral de lotes estrechos y cuya adaptabilidad funcional y constructiva asegur una larga vigencia). Un tercer tramo pone el foco en t nacidos y/o formados en Italia, que trasladan al Uruguay las modalidades acad de cu ecl dominantes en Europa desde mediados del siglo XIX, generando un distanciamiento con la impronta neocl amortiguado por la persistencia de los modelos del pos renacimiento italiano. Son referentes de esa etapa, Juan Antonio Capurro, Juan Tosi y Luis Andreoni, y en un plano menor y un tiempo m tard Domingo Rocco ya receptivo a las influencias modernistas y Albino Eusebio Perotti. Hemos hecho una rese sint suficientemente representativa pero no exhaustiva, de aquellos que actuaron como veh de ese aporte, desde Zucchi radicado temporalmente en Montevideo desde 1836 , hasta Andreoni o Veltroni, afincados definitivamente en nuestro suelo y todav activos al final del per de referencia. Muchos de esos actores han tenido una valoraci hist a veces ajustada a sus m a veces deformada por una visi que traslada al pasado valores de estos tiempos, o que reduce su enfoque a un campo estrictamente disciplinar. Otros en cambio, han quedando de hecho marginados de nuestra historiograf (caso de Domingo Rocco o Albino Perotti), situaci compartida con excepciones puntuales , por toda la escala de de obra llegados desde Italia, cuya contribuci a la construcci de nuestras ciudades merece una consideraci hasta hoy postergada (a cuando las investigaciones ya realizadas, habiliten un juicio con s fundamento).

Si esa rese sirve para incorporar en la agenda de futuras investigaciones un espectro ampliado del aporte italiano a nuestra arquitectura, se dar el objetivo del trabajo por bien cumplido. Pero ser una limitaci no sustentable el suponer que ese aporte puede relevarse y valorarse poniendo el foco en una serie ampliada, seg vimos de experiencias particulares. El ejemplo de Aurelio Lucchini es suficientemente convincente en cuanto a la necesidad de situar la obra en un contexto cultural m amplio, y es justamente ese contexto el que genera una irradiaci que va m all de sus italianos, impactando en un global que incluye no s al conjunto de los cualquiera fuera su origen y la escala de su intervenci sino a los propios demandantes de las obras, se trate de gestores institucionales o cabezas de familias, cuyo se ha modelado con distinto grado de incidencia seg tiempos y lugares teniendo aquel universo cultural como uno de sus referentes. El caso de la casa patio (standard consolidado en el imaginario de amplias capas de la poblaci demandante de vivienda) es claro ejemplo de esa influencia cultural, a la vez difusa y de profundo arraigo.

Esa irradiaci cultural desde un foco espec el de la Italia milenaria en el caso que nos ocupa , se funde con influencias generadas en otros espacios hist y en su interacci con valores y circunstancias de un lugar concreto, va conformando a lo largo del tiempo un perfil propio de este, nuestro sitio. Tal el proceso del particular melting pot uruguayo, con una particularidad importante, en cuanto hace a la proverbial unidad de la familia italiana y a la consecuente condici de c b de trasmisi de pautas y valores. Es en nuestro caso muy notable la incidencia de ese familiar como promotor de vocaciones que hicieron perdurar por generaciones una herencia cultural, no siempre en continuidad con los oficios y saberes de los mayores, pero siempre alineada con modos de ser y hacer que abrieron caminos en campos muy diversos. En cuanto hace a la construcci de nuestro escenario de vida, baste citar alguno de los arquitectos uruguayos hijos de italianos, que tuvieron relevante presencia en el primer tercio del siglo pasado: Leopoldo y Esteban Tosi, Silvio Geranio, Eugenio Baroffio, Juan A. He aqu una herencia con futuro, que deber asumir con un cuidado y un rigor que hasta ahora no siempre hemos podido alcanzar.
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