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Desde su actual jubilación, Indalecio Segarra Soler recuerda cómo sus estudios de ingeniería química se orientaron para trabajar en la empresa que habían fundado su padre y su abuelo. Y sin embargo, apenas estuvo unos meses en ella. Poco después de su entrada, la empresa fue incautada por el Gobierno. Pero Indalecio, tercera generación tras Silvestre Segarra Bonig y Silvestre Segarra García, sigue aorando la empresa de sus antepasados y quiere reivindicarla y reivindicarlos: “Soy un mero instrumento de mis muertos”. Reivindicar el mucho trabajo que dio en la Vall d’Uixó, en Castellón, en Valencia y en Espaa; lo bien que actuó con los más de 5.000 trabajadores que llegó a tener, lo mucho que exportó y lo avanzada que era: “De aquella alpargata viene toda la familia”, seala. Desde 1911 a 1976, cuando fue incautada por el Gobierno, Segarra fue un ejemplo para este heredero del apellido, y sin embargo, se queja: “No se conoce la labor de mi familia por razones que no comprendo”.

Silvestre Segarra Aragó y su hijo Silvestre Segarra Bonig fueron los fundadores de Calzados Segarra e Hijos, la gran empresa de la Vall d’Uixó, que a principios de los 70 tenía 5.000 trabajadores. Hoy es el nieto e hijo de los fundadores, Indalecio Segarra Soler, que llegó a trabajar en la empresa, quien nos cuenta el nacimiento, el triunfo y el declive de Segarra por culpa de las huelgas políticas, según afirma. Pero empecemos por el principio.

Mi abuelo tuvo una ida genial hacia 1912. Las alpargatas que usaba el ejército espaol eran baratas y de pésima calidad y él hizo una alpargata mejor y muchísimo más duradera: de cáamo, esparto y yute y con las puntadas precisas. Y, aunque no lo conocía nadie, se presentó en Vitoria a un concurso.

Y ganó. “Le traigo una alpargata que va a durar muchísimo más, porque la calidad es mucho mayor; aquí las puede ver. Pero además le dejo 2.000 pares de estas alpargatas al precio que ustedes compran las actuales y otras 2.000 más en depósito para que repongan. Y si cuando pase el plazo las alpargatas siguen funcionando me compra usted los 2.000 pares del depósito al precio real”. La historia salió bien.

Segarra ya funcionaba como fábrica?

Un ao antes, mi bisabuelo Silvestre Segarra Aragó montó junto a su hijo Silvestre Segarra Bonig, es decir, mi abuelo, la sociedad Silvestre Segarra e Hijo, que luego cambió a Silvestre Segarra e Hijos. Mi abuelo tenía 20 aos y se acababa de casar: el dinero salió de la dote del matrimonio.

Volvamos a las botas militares.

Luego ya se presentó en Cádiz con la garantía de haber vendido en Vitoria. Cada regimiento compraba por su cuenta. La voz se corrió por el ejército y se fue a Marruecos: vendió tanto al ejército espaol como al francés. Estoy convencido de que allí conoció a Franco, seguramente le vendió alpargatas. Estoy convencido que durante toda la época de Franco, Franco no hizo nada ni mi abuelo le pidió nada a Franco por las zapatillas. No creo que se atreviera a pedirle nada. En la Primera Guerra Mundial también vendieron a muchos ejércitos europeos.

El primer cambio, en los aos 20.

Se incorpora la piel y los pisos de suela y con el tiempo de goma, y empiezan las ventas de zapatos civiles en 500 tiendas de Espaa y Francia, en ‘botiguetes’ que vendían de todo. Y, antes de la guerra, comienzan también once zapaterías Segarra en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades.

En la guerra hubo lo que llaman el control. La empresa estaba supervisada por el Gobierno republicano. La familia Segarra continuaba digamos que como asesores, porque sabían cómo funcionaba la empresa, pero estaba controlada. Los Segarra no tuvieron ningún problema. Cuando acabó la guerra, sin embargo, la fábrica estaba arrasada.

Y de nuevo a poner en marcha la fábrica. En el ao 1941 había 2.200 obreros. Unos reconstruían la fábrica, otros estaban empleados en campos arrendados por la familia para producir comida para los obreros y otros ya fabricaban zapatos. Todas las maanas había colas de gente de Andalucía, de Aragón, de Castilla, que venían a trabajar. Empezaban al día siguiente de llegar.

Su abuelo se quedó en Madrid.

Vivía en el sótano de una de las zapaterías, en Callao. Allí optaba a los concursos públicos de calzado. Se llevó muchos, pero no por amistad, sino por el nivel. Nosotros teníamos fábrica de curtidos, de gomas, de cartón para hacer las cajas, hasta imprenta También estaban en Madrid los necesarios permisos de importación y exportación. Mi padre se quedó en la Vall llevando la fábrica.

Mi padre, que no sabía inglés, se fue en 1957 a una feria del calzado de Nueva York, con unas muestras. Así empezaron los primeros clientes en Estados Unidos. Al poco conseguimos un contrato con Sears. El zapato era distinto, era el típico zapato ingles, tipo Lottusse, y los Goodyear Welt, que necesitaban 200 operaciones y los hacía muy poca gente.

Hablaba usted de la labor social.

Desde el punto de vista social había una escuela, un hospital y una clínica a donde venían especialistas de Castellón y Valencia. El segundo quirófano automático de Espaa estaba allí. Y 300 chalets individuales para los obreros, cada uno con su jardín, con alquiler barato y el agua gratis Teníamos montada un a granja de pollos y de conejos para el economato. Y había un equipo de futbol de trabajadores y sus hijos, que llegó a tercera división.

La caja de ahorros de la empresa. Todos los trabajadores podían tener su dinero en cuentas a la vista con el ocho por ciento de interés. La familia también tenía el dinero ahí. La empresa se autofinanciaba y no tenía que acudir a créditos y por eso creció tan rápidamente. No he visto en ninguna parte ni de Europa ni de Estados Unidos esa labor.

En el 71 cobraban un 13 por ciento más que lo que marcaba el convenio sectorial espaol. La fábrica entonces tiene 5.000 empleados y se convierte probablemente en la mayor fábrica privada de Espaa.

Hasta que comienza el declive.

Fue un tema político. Las huelgas eran impresionantes. Sin convocatoria, y sin pedir nada a cambio. Por eso digo que eran políticas. Uno de los cabecillas acabó diciéndome que recibían órdenes de Carrillo, que estaba en París.

Absolutamente. En aquellos aos la política era fundamental. y la orden era que la familia Segarra tenía que desaparecer de la empresa. Decían que no trabajaban y punto; los que querían trabajar no se atrevían. Pero sin reivindicaciones, el no por el no. Si hubieran pedido algo hubieras negociado, pero no había sobre qué negociar. Solo querían hundir la fábrica: huelgas y boicots continuos, botas mal cosidas o agujereadas No podíamos entregar a tiempo nada y fuimos desapareciendo de los catálogos.

La incautación fue a finales del 76. De presidente pusieron a Oltra Moltó, que había sido gobernador civil de Valencia. No tenían ni idea.

Les pagaron la expropiación?

En el ao 73, Pricewaterhouse valoró Segarra en 3.000 millones de pesetas. Cuando el Gobierno se queda la empresa nos anunció que la familia Segarra aún tenía que pagar 185 millones. No cobrar y pagar. Menos mal que 26 tiendas se valoraron en 300 millones de pesetas y con ellos pagamos la incautación.

Además de las huelgas, la empresa se había quedado caduca.

Sí, algo anquilosada. Quizás las tiendas no evolucionaron como tenían que haberlo hecho, pero el único ao que la fábrica perdió dinero fue el último que estuvimos: 120 millones de pesetas. Al ao siguiente, incautada, perdieron 1.500 millones; y al siguiente 2.000.
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